sábado, 31 de marzo de 2018

SEGUNDA MANCHA



Esta es la mancha que no ha logrado ser tapada por la otra, la que sobrevive en mi muerte, en las células divorciadas de mi cuerpo. La mancha de mi infancia, la que ha ganado a mis años de adultez y transita entre la oscuridad y la luz enredando mis tripas, mis sesos y mis venas. 

Imagina ese palpitar ahogado, aguerrido, extasiado, desesperado y orgiástico. 

Recuerdo las escaleras, y, entre el primero y segundo piso, el descanso, del cual saltaba estirando los brazos y agitándolos, creyéndome una especie de superheroína. Invencible, caía al césped con las piernas abiertas, en cuclillas y en posición de rana. Lo tenía practicado tantas veces que ya ni las rodillas me raspaba. Y luego, tumbada, giraba cuesta abajo hasta terminar con el vestido mojado y descalza. El cabello enmarañado con pasto y ese olor inolvidable. 

Mis caminatas al borde del pozo para acomodar la soga amarrada a la cubeta que se había atascado en la polea. ¡Te digo que era invencible! Invencible porque el miedo no existía. Si hasta bajaba los escalones de cuatro en cuatro, haciendo movimientos dignos de una bailarina de danza contemporánea y a eso le decía yo :"volar". Y sí, podía volar y hablar con los pájaros (nunca con personas) y trepar árboles y vivir en ellos si es que se me antojaba. 

Esa es la mancha que aparece en mi campo visual de manera intermitente, alternando con la otra, la viscosa, la que me abraza desde la nuca y luego se esparce sinuosa como tentáculos transportando mis pensamientos cotidianos hacia el lugar de los esporádicos. 

Cuando ambas coinciden, cubro mis orejas muy apretado con las manos y cierro los ojos dando gritos hasta que broten lágrimas. 

Si alguna vez me encuentras en ese trance, háblame de ti, que las dos manchas te conocen, aunque una de ellas crea que eres un personaje de cuento y la otra haya conseguido tocarte ya.

•Rosario Vercelli Scharff •


jueves, 1 de marzo de 2018

QUE YO NO LO SEPA



Vástago de la noche,
el insomnio se ha colado 
en ese mantra callado 
que irrumpe desde mi garganta. 

Pronuncio un discurso 
coordinado con la lluvia estival,
partículas de polvo en mis pestañas,
sangre seca 
y una figura hecha de incienso,
                  tu perfil.

Unas manos que se prolongan
más allá de la caricia,
lapsos de tiempo 
que llevaste contigo. 

Un fantasma al que no temo
y me explota su monstruosidad
en la cara, 
                 la ausencia.

Mañanas sin café,
sin permisos para sonrisas,
un reloj marca horas
en retroceso e insiste
en pegotear sus manecillas
al amanecer. 

Cruel rayo que inyecta
la miel de tus ojos en los míos,
                 no quiero ver.

Si pudiera separar mis labios
y dejar de rumiar mis faltas
haría un vuelo hacia el pasado,
                 me reconstruiría. 

¡Shhht! Que yo no lo sepa...
                 me reconstruiré. 

•Rosario Vercelli Scharff•
01/mar/2018


INMORTALES

Son los dioses despreciados los que, encaramados en su nube, nos gritan conceptos del amor desfasados,                        marchito...