jueves, 24 de mayo de 2018

INMORTALES



Son los dioses despreciados
los que, encaramados en su nube,
nos gritan conceptos del amor
desfasados, 
                      marchitos,
                                         retrógrados.

Miran con displicencia 
la oscuridad con que mis ojos
aprendieron a reconocerte.

La lejanía me dicta, sin saberlo,
cada detalle
en su argucia inconcebible
de volverse invisible.

He visto tus demonios
y a los míos, no les temes;
danzantes etéreos y terrenales,
abrazamos con locura,
mirada vendada
en un pacto firmado, azul tinta 
cual pétalo en penumbra.

Seré la mordida 
con el hilo escarlata
precipitándose 
desde las comisuras de tu boca,
será tu eternidad convergiendo 
en el cruce 
                   de los mares
                                          con la mía. 

Triste espera, no convences;
la nuestra es calma
y despunta una carga eléctrica;
chocar
             o
                 fundirse.

Luego, el tornado y los relámpagos,
banda sonora, la ronda
que nuestras extremidades 
tejerán y destejarán 
al preludio 
                   de un sueño 
                                         compartido.

•Rosario Vercelli Scharff•

sábado, 12 de mayo de 2018

EN MIS BRAZOS



En ese lugar desconocido, impalpable, invisible, suspendido entre las costillas, que se extiende desde el diafragma hasta la garganta, detrás del esternón, hay un punto sin nombre que irradia intensa emoción; mezcla de dolor y un no sé qué, duele sin dañar, entrega su presencia a la rutina y los días y las noches jamás vuelven a ser monótonos. 

Dile que lo ubico ahí, aquí, en mis rincones innombrables aparecidos en mi cuerpo desde que apareció aquella madrugada, sonriendo con los ojos, pensando que yo pensaría que no me reconocería. ¿Cómo no lo haría? Si me había vestido de muñeca negra con la cara lívida, la sonrisa comenzaba en una oreja y culminaba en la otra, inmóvil, como una columna de la estación, testigo de miles de estelas cruzando en todas direcciones diariamente. 

Yo, la columna negra, el faro que le guía y su voz clara, la única voz audible. El resto es una batahola sureña que se frota con las cuerdas de violines prestados a aquella mañana incipiente. Y esta no sabe si  mostrar el gris del cielo de Lima o seguir distraída, humedeciendo las mejillas con esa lluvia fina, con esa oscuridad que no se atreve a aclarar, con los ventanales empavonados, con nuestro abrazo interminable. 

Fue el primer encuentro, pero dile que para mí fue como si lo hubiese visto toda una vida...como si ayer. 

Dile que nunca fue un extraño, aunque digan que la distancia, que el pasado, que el tiempo.

Nunca creí en casualidades. Soy más madura que eso. Lo mío son los dragones y los ángeles caídos que eligen dónde precipitarse.

Ahora mis brazos están forrados con sus plumas. 

•Rosario Vercelli Scharff•


viernes, 20 de abril de 2018

CAMBIOS



¿Quién soy yo para decirte lo que es ser feliz? ¿Quién soy yo si me invento felicidades en depresiones?  Si mis alforjas son dos harapos unidos y desunidos por jirones.

Buscas calores que supuran poesía de la fealdad, la composición perfecta dentro de un cajón de miseria. Adobes, calaminas con goteras enormes, olor a leña, olor de tu pelo. No me cuesta aceptar que erré el valor y el significado de lo estético. Los ojos suelen mentirnos  descaradamente ¡y en nuestras propias narices!

Aves migratorias en los patios, nebulosas de tierra, no saben volver, no saben dónde empezar. 

¿Y si el silencio me regala un poco de magia? 
Te la doy; que no consigo detener tu enojo ni tu mirada huidiza. Ella también ha migrado. Discurre, acompañada de una voz por las paredes de la chimenea y asciende. 

Si tu dios decide escucharte, callaré, morderé mis argumentos y mis súplicas: " Vuelve tu mirada a mí, que aún conserva vida". 

Beberé tu fatiga, permutaremos el brillo crepuscular sobre tu cabeza por pan recién horneado. Que los cambios siempre traen algo bueno. Y estamos tan mal acostumbrados a culpar a los días lunes, a los primeros de enero, a los cambios de estación, a las fases de la luna, al horóscopo. Y mientras todas esas pequeñeces se suceden una y otra vez, ¿quiénes somos? 

No hay piezas de ajedrez inservibles; cumple su función hasta el peón. Elaboremos estrategias. 

Una queja es una rebelión; hagámosla. No pares la rotación de la tierra para que no te vean. Que así, invisible tú, la bola sigue girando, colgando tus palabras en su curvatura y todas aquellas formas que usas y a las que llamas expresión.

Siempre habrá alguien que te mire.
Siempre habrán nuevas formas de sonreír.

•Rosario Vercelli Scharff•

miércoles, 4 de abril de 2018

DE REPENTE



Cada vez 
que un paso me camine
haré sendero, tierra húmeda, 
trabajo interminable.

Cada vez 
que moje a la lluvia
dos lágrimas harán fiesta,
luminarias y un péndulo,
claroscuros de mi rostro.

Cada vez 
que vocifere al trueno
la rabia será benigna
y mi sangre, liberada.

Llevo siglos de destrozos, 
prometo ser civilizada
mas del otro, la insatisfacción,  
afila mi condena. 

Ensaya un sueño el azul
entre el paladar y la lengua,
quién sabe si en la orilla 
o flotando
será mejor la espera.

Mis andares egoístas 
no perdonan páginas en blanco,
miro hacia adentro, 
hay un vacío
lamiendo detritos
de mi yo y mi canto. 

Y de repente 
                   alguien me escucha,
es el ruido
                   que me está callando.

•Rosario Vercelli Scharff •

sábado, 31 de marzo de 2018

SEGUNDA MANCHA



Esta es la mancha que no ha logrado ser tapada por la otra, la que sobrevive en mi muerte, en las células divorciadas de mi cuerpo. La mancha de mi infancia, la que ha ganado a mis años de adultez y transita entre la oscuridad y la luz enredando mis tripas, mis sesos y mis venas. 

Imagina ese palpitar ahogado, aguerrido, extasiado, desesperado y orgiástico. 

Recuerdo las escaleras, y, entre el primero y segundo piso, el descanso, del cual saltaba estirando los brazos y agitándolos, creyéndome una especie de superheroína. Invencible, caía al césped con las piernas abiertas, en cuclillas y en posición de rana. Lo tenía practicado tantas veces que ya ni las rodillas me raspaba. Y luego, tumbada, giraba cuesta abajo hasta terminar con el vestido mojado y descalza. El cabello enmarañado con pasto y ese olor inolvidable. 

Mis caminatas al borde del pozo para acomodar la soga amarrada a la cubeta que se había atascado en la polea. ¡Te digo que era invencible! Invencible porque el miedo no existía. Si hasta bajaba los escalones de cuatro en cuatro, haciendo movimientos dignos de una bailarina de danza contemporánea y a eso le decía yo :"volar". Y sí, podía volar y hablar con los pájaros (nunca con personas) y trepar árboles y vivir en ellos si es que se me antojaba. 

Esa es la mancha que aparece en mi campo visual de manera intermitente, alternando con la otra, la viscosa, la que me abraza desde la nuca y luego se esparce sinuosa como tentáculos transportando mis pensamientos cotidianos hacia el lugar de los esporádicos. 

Cuando ambas coinciden, cubro mis orejas muy apretado con las manos y cierro los ojos dando gritos hasta que broten lágrimas. 

Si alguna vez me encuentras en ese trance, háblame de ti, que las dos manchas te conocen, aunque una de ellas crea que eres un personaje de cuento y la otra haya conseguido tocarte ya.

•Rosario Vercelli Scharff •


jueves, 1 de marzo de 2018

QUE YO NO LO SEPA



Vástago de la noche,
el insomnio se ha colado 
en ese mantra callado 
que irrumpe desde mi garganta. 

Pronuncio un discurso 
coordinado con la lluvia estival,
partículas de polvo en mis pestañas,
sangre seca 
y una figura hecha de incienso,
                  tu perfil.

Unas manos que se prolongan
más allá de la caricia,
lapsos de tiempo 
que llevaste contigo. 

Un fantasma al que no temo
y me explota su monstruosidad
en la cara, 
                 la ausencia.

Mañanas sin café,
sin permisos para sonrisas,
un reloj marca horas
en retroceso e insiste
en pegotear sus manecillas
al amanecer. 

Cruel rayo que inyecta
la miel de tus ojos en los míos,
                 no quiero ver.

Si pudiera separar mis labios
y dejar de rumiar mis faltas
haría un vuelo hacia el pasado,
                 me reconstruiría. 

¡Shhht! Que yo no lo sepa...
                 me reconstruiré. 

•Rosario Vercelli Scharff•
01/mar/2018


martes, 27 de febrero de 2018

LOS AÑOS

Los años se superponen
uno a uno al cuerpo
pero con qué afán, al rostro.
En él son animales
marcando territorio:
-esa mancha, ese surco es mío-
le dice uno al otro.

¿Y ese trozo de piel? 
Ahí, extenso,
el dolor hizo nido.

Las ojeras: nosocomio
de la sublime 
enfermedad de la dicha.

La sonrisa: un recuerdo,
el olvido...

•Rosario Vercelli Scharff•


martes, 6 de febrero de 2018

ESOS OJOS



Perdición en el fondo
de la mirada subyugante,
capaz de situar la ternura
en las ondulaciones del iris,
en esos surcos que niegan
su color real. 

No hay verdades en ellos
y no importa,
hay sueños,
silencian mis preguntas
porque en esos ojos,
cúspide de mi vicio,
giran los engranajes 
de una locura prestada. 

Proyectan luz
como un lago de cristal
castigado por la luna,
donde me place ahogar
los apuros de mi codicia.

Mis argucias devienen seductoras
en remolinos de humo, 
empañan el reflejo
y se revela la inocencia,
la experiencia breve;
que me miren, sí, esos ojos,
en tanto el llanto del estío llueva. 

¡Despierten! 
cobíjenme el temblor de la piel,
bramen a los míos,
antítesis de la calma, yo
y no sé si además soy 
la que tortura y se arrebata
o la que espera.

•Rosario Vercelli Scharff•
#InsoportableSubjetividad
05/feb/2018

martes, 23 de enero de 2018

SAN BLAS



La ciudad, perezosa, 
ofrece los olores de la mañana,
las calles empedradas 
se angostan al paso 
de un espectro que incide directo 
sobre las paredes,
abriéndose camino
entre el hielo y las cortinas.

El silencio es una sonata
de susurros que corretean
por las dos aguas, 
encimando las multitudes.

Prístina ceremonia
la de los dioses celestes,
nos prometen la salvación 
de un amor perdido.

No hay llaves sin cerradura
y no muy lejos,
un arco iris de montañas,
un lugar sagrado 
donde el cielo espera ser besado.

Un santuario 
testigo del rito de dos mundos,
ralentizan sus latidos 
azules corazones,
tiritan el farol 
y la madera de los portales.

Y al levantar la mirada,
un manto terracota
que se degrada hasta el infinito,
más allá del templo,
del verdor, del cóndor, del río.

Blanco laberinto
¿Qué hay de tus noches?

Aún sigo recorriendo,
canturreando, tus pasillos.

¿Aún sigue cantando
mi ángel caído?

•Rosario Vercelli Scharff•
(Imagen y texto)
23/ene/2018

sábado, 6 de enero de 2018

MI SANGRE

Nunca pienso en la distancia como un obstáculo. Pienso que el desencuentro, la falta de espacio, el encabalgamiento para que las piezas del rompecabezas encajen, lo son. La fortuna y los dioses nos colocaron en el mismo universo, en la misma era, en la misma frecuencia. ¿Deberíamos pedir más? No es coincidencia. Tal vez, ni siquiera, destino. Es la cuadratura perfecta. El cordón que une dos entes, dos pensares, dos sentimientos que convergen en el momento exacto. Es una alineación que se curva infinitas veces para acercarnos y, en algún momento, volvernos un ser que disfruta de ser dos estando juntos. Somos invencibles. 
*******************

(P.S: mi otro color favorito, además del azul, es el escarlata, el rojo vino, el rojo sangre... Tú, mi sangre). 

28/oct/2107

•Rosario Vercelli Scharff•
#InsoportableSubjetividad


viernes, 5 de enero de 2018

EL COLOR DEL OTOÑO



Prometo que estaré ahí. Estoy, aunque no puedas verme. Siente, es todo lo que hay. Con los ojos cerrados es más fácil recordar, sin interferencias visuales. Recuerda el sonido de mis zapatos de tacón, ese compás insultando la vereda. Solo eso y estarás en esa calle. Mi mano entrelazada a la tuya, el sonido insoportable de mi voz y tu ronroneo, mi risa después del hurto divino, tu perfume invadiendo el mío, el de las flores de esos jardines clausurados, la infinita felicidad del instante. 
Dime qué es la distancia, qué es ese hueco que me impide tomar tu mano cuando lo necesitas. Tal vez es cuando más lo necesitas y yo, en otra galaxia, he perdido la oportunidad. Me pongo a pensar y revisar mi concepto de libertad. Limitada libertad. Debería existir una palabra en el diccionario para denominar esto, solo una. No un concepto amplio y filosófico, sino un vocablo que no sea una falacia, que me devuelva a mi realidad. Que libre soy solo de pensamiento. Que si pudiera besaría tu frente con mis labios, no tendría el aire que encargarse de entregarte mis besos cada mañana, cada noche, cada capricho del tiempo, que no se pone de acuerdo con el inmenso espacio que ocupa el mar. Que te he besado muchas madrugadas mientras tú estás bajo el cenit. Y tus grietas, las rellenaría como hacen los felinos, lamiéndose con esa  insistencia monótona. Mi nariz, siempre gélida, podría ser atenuante de algún estado febril. Y quisiera estar en tus cansancios, en tus días malos y también, en los mejores. Y quisiera estar en tus delirios, como te tengo en los míos. Que delirio no solo es un eufemismo poético, también puede ser literal. Lo es...
Estoy estampada en el aire, con los brazos abiertos. Quizás es porque vuelo, quizás es porque traigo décadas esperando abrazarte...y me abraso. Se abrasan mis ojos. Tanto, tanto, que mis pupilas son cenizas. Si las soplas, levitan, escapan de mí haciendo volutas, resistiéndose a tocar el suelo. Entonces me pierdo, o pierdo la mirada, o pierdo el sentido, o pierdo los momentos tristes y quedo colgada en una nada que se parece a todo.
Es hora. Ya vas a amanecer. Todo vuelve a empezar. Encuéntrame en el hayedo. Tengo los colores del otoño en mis cabellos. Aire no nos faltará.

•Rosario Vercelli Scharff•
#InsoportableSubjetividad

INMORTALES

Son los dioses despreciados los que, encaramados en su nube, nos gritan conceptos del amor desfasados,                        marchito...