martes, 23 de enero de 2018
SAN BLAS
La ciudad, perezosa,
ofrece los olores de la mañana,
las calles empedradas
se angostan al paso
de un espectro que incide directo
sobre las paredes,
abriéndose camino
entre el hielo y las cortinas.
El silencio es una sonata
de susurros que corretean
por las dos aguas,
encimando las multitudes.
Prístina ceremonia
la de los dioses celestes,
nos prometen la salvación
de un amor perdido.
No hay llaves sin cerradura
y no muy lejos,
un arco iris de montañas,
un lugar sagrado
donde el cielo espera ser besado.
Un santuario
testigo del rito de dos mundos,
ralentizan sus latidos
azules corazones,
tiritan el farol
y la madera de los portales.
Y al levantar la mirada,
un manto terracota
que se degrada hasta el infinito,
más allá del templo,
del verdor, del cóndor, del río.
Blanco laberinto
¿Qué hay de tus noches?
Aún sigo recorriendo,
canturreando, tus pasillos.
¿Aún sigue cantando
mi ángel caído?
•Rosario Vercelli Scharff•
(Imagen y texto)
23/ene/2018
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