Más de un centenar de herramientas a la mano, aquí, en mi caja de cartón, el receptáculo de mis huesos unidos con goznes oxidados a mis músculos estriados, a mi flácido tegumento. Con ellas construyo un nuevo mundo para mis sesos cada día. Quién sabe cómo despertaré mañana o si es que logré dormir anoche. Eso ya no me mueve, ni me conmueve, no me incumbe más. Soy el Minotauro en su laberinto, este es mi hogar.
Pregúntenme si me pierdo, si me busco y me logro encontrar. He cavado pasadizos secretos para hacer dormir a mis neuronas, ellas merecen descanso, alejado del caos. Merecen lo que mi cuerpo, moldeado de órganos malfuncionantes (¿existe esta palabra?) le niegan.
Aquí están prohibidos los calendarios o los días por semana. Todo es un conglomerado anacrónico. No hay espejos que me ayuden a identificar mi edad. Una ventaja que me permite hacer y deshacer sin importar cuán inmadura o adelantada al tiempo puedo estar.
Lo mejor es mi altar, mi trono, mi endeble soporte ubicado al lado de esa ventana. Paredes pueden faltar, pero jamás, ventanas. La condescendencia de éstas me revela del otro lado, una guadaña reluciente, con su propietaria, la dama desdentada de la eterna espera. Su rostro denota un cansancio notorio. Ya no me habla, no me tiende más trampas. Ella no sabe que soy un ser sin tiempo y que sus marcas, casi por completo, se han borrado de mi piel.
•Rosario Vercelli Scharff•
#InsInsoportableSubjetividad
Lima, Panamericana Norte
(Invierno, 2016).

No hay comentarios.:
Publicar un comentario