viernes, 20 de abril de 2018

CAMBIOS



¿Quién soy yo para decirte lo que es ser feliz? ¿Quién soy yo si me invento felicidades en depresiones?  Si mis alforjas son dos harapos unidos y desunidos por jirones.

Buscas calores que supuran poesía de la fealdad, la composición perfecta dentro de un cajón de miseria. Adobes, calaminas con goteras enormes, olor a leña, olor de tu pelo. No me cuesta aceptar que erré el valor y el significado de lo estético. Los ojos suelen mentirnos  descaradamente ¡y en nuestras propias narices!

Aves migratorias en los patios, nebulosas de tierra, no saben volver, no saben dónde empezar. 

¿Y si el silencio me regala un poco de magia? 
Te la doy; que no consigo detener tu enojo ni tu mirada huidiza. Ella también ha migrado. Discurre, acompañada de una voz por las paredes de la chimenea y asciende. 

Si tu dios decide escucharte, callaré, morderé mis argumentos y mis súplicas: " Vuelve tu mirada a mí, que aún conserva vida". 

Beberé tu fatiga, permutaremos el brillo crepuscular sobre tu cabeza por pan recién horneado. Que los cambios siempre traen algo bueno. Y estamos tan mal acostumbrados a culpar a los días lunes, a los primeros de enero, a los cambios de estación, a las fases de la luna, al horóscopo. Y mientras todas esas pequeñeces se suceden una y otra vez, ¿quiénes somos? 

No hay piezas de ajedrez inservibles; cumple su función hasta el peón. Elaboremos estrategias. 

Una queja es una rebelión; hagámosla. No pares la rotación de la tierra para que no te vean. Que así, invisible tú, la bola sigue girando, colgando tus palabras en su curvatura y todas aquellas formas que usas y a las que llamas expresión.

Siempre habrá alguien que te mire.
Siempre habrán nuevas formas de sonreír.

•Rosario Vercelli Scharff•

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