He resucitado muchas veces
del infierno de tus brazos,
del terrible efecto de tu ternura,
tu abrazo guerrero
desarma la armadura
de la triste valkiria
que solo aprendió a soñar.
Las puntas romas de mi estrella
hieren cinco veces la lividez de tu piel
para mancharla con mi bebida;
el borgoña calienta tu costado,
abre paso a la sentencia final,
al preludio de un afable silencio.
Tu espanto viene a morir
con mi vahído,
al abrir mis ojos buscaré
restos de indeseables latitudes
y habrán, al fin, desaparecido.
Convergerán noches y días
en ese lugar tan nuestro,
no existirán batallas perdidas
ni mañanas sin besos.
La luna me prestará
sus hilos de plata
para coser nuestras heridas,
para construir un nido
o para iluminar los recodos negros
de mi pensamiento.
•Rosario Vercelli Scharff •

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