Imperturbable, el horizonte
duerme en el rabillo de mis ojos,
respira mi piel una especie
de agonía con sabor a ausencia.
La fuerza pesa
como una manta vieja
sobre mi entrecejo,
mas tengo manos
para invadir oscuridades
en pos de tu silueta,
de la flama que te viste.
Te observo iluminando el camino
que recorrimos de la mano,
la memoria de mi efímera muerte
y el resucitar bajo el batiente
de tu asombro alado.
La dama negra me devolvió
a tus brazos
y en el libro de mis experiencias
volví a rotular los capítulos
de nuestras décadas.
No bastan dos pedazos de tierra
para separarnos,
no basta el cielo
que incendia tus ojos
e inunda los míos.
Basta el sol que te abrasa
para derretir
mis inviernos,
el universo es una gota
cuando el amor
está hecho
de mil océanos.
•Rosario Vercelli Scharff •

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