Hay sombras que recuerdan la necesidad de mis hombros por tus manos. Cada noche me acuesto con un hilo azul atado a mi meñique, a la posteridad de lo que, en mis primeras búsquedas, andaba buscando. Hay dolores necesarios que nunca duelen. Están ahí para enseñarme que el placer no existe en los sueños horizontales. Por eso no conozco el aburrimiento, porque la montaña que conquistar pretendo moviliza su cumbre y siempre estoy deseando. Es como una hoguera eterna. Nunca veré cenizas. Nunca la nostalgia me pedirá vivir lo ya vivido. Moldearé nuevas experiencias, interminables maneras de besar una misma boca, abrazos que intenten llegar hasta tus huesos y que tu cuello me regale un nuevo aroma cada día sin modificar tu esencia.
Hay silencios que me gritan con tu voz y para mí son como roces tiernos y silabeos de mis primeras palabras. Balbuceos con frases subtituladas, vocablos inventados que solo tú y yo entendemos. Sonrío cuando, entre líneas, encuentro algún secreto que para mí no está escondido. Sé que lo pusiste ahí en tu afán deliberado de ser tan perfectamente tú. Aún me baña el brillo que escapó de tu sonrisa al escribirlo.
•Rosario Vercelli Scharff•
#InsoportableSubjetividad
Octubre 2016

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