domingo, 13 de agosto de 2017

ÁNGEL DE MIS INSOMNIOS



Retozan las llamas tímidas 
de mis osadías primeras,
la construcción de mi propio infierno
sutilmente ha lamido 
los días que iban apareciendo.

Crecer y limpiar 
las heridas de mis rodillas 
no eran más que obligados juegos.

Agradecida de mi presencia ignota
corría ligera de ropa,
ligera de excesivos pesares
a centímetros del suelo,
a escasas horas 
de la curva de la felicidad;
ella apuntaba a tierra sin nombre
porque aún no relacionaba
miedos y decadencia.

Los terrores conspiraron 
con la noche
y los años agregaron un ángel
que no es del cielo
a mis insomnios. 

El brío mortecino palideció
y la cuidad reemplazó a la laguna 
y a la selva,
mi acento me ruborizó
y aprendí a retroceder mi lengua.

Llegó el día de la deserción,
el mundo apuntaba con el dedo
a mi sombra,
la que guiaba mis zancadas
nombradas Libertad.

Que libre no fui de cuerpo,
las carroñeras 
me quieren llevar a prisión.

Y entre barrotes 
¡que inútiles son las alas!
yo alzo vuelo con palabras
y si me ven aquí, lejos estoy.

Hay sangre que hidrata
las costuras 
de mis deseos rotos,
nunca secos;
la vida seguirá en marcha
acarreando azules mariposas
mientras anhelo.

•Rosario Vercelli Scharff•

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