viernes, 18 de agosto de 2017

CONFÍA



No te hablo con la fuerza,
apacible fuerza de mis infinitas voces,
hablo para recibir el eco
que rebota en tu pecho abierto,
para reconocerme 
cuando en la amnesia
mi cuerpo yace.

El seseo dormita en mi lengua,
me guardo para la fiesta
de tus lóbulos,
la urgencia de mi última prosa
no te toca más.

El verbo se conjuga
en la primera del plural
y nos enredamos 
y olvidamos el bramido aparecido 
en nuestro agridulce diálogo. 

La miel ha exfoliado mi abrigo,
esa miel de tu mirada
que enaltece mi respiración,
hoy la persigo,
necesito ver los años 
que me quedan para sonreírte
en la reverberación,
en ese encuentro dimensional.

Tu rostro ataviado de voluptuosidad,
éxodo perenne de mis besos,
ha tallado una marca indescifrable
sobre los abismo de mis hombros.

Déjate caer en mis ansias... Confía. 

•Rosario Vercelli Scharff•


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