¿Y si mis escritos ya no soportan tinta perfumada? ¿Si dejo de recurrir a tópicos en mis soliloquios y olvido la absurda pretensión de desenmascararme? ¿Si hurgo debajo de mis pies para agujerear la nube que me sostiene? ¿Si, finalmente, escucho el ruido cansino que acompaña la diatriba omitida de la boca del marginal?
Si todas mis vidas existieran las usaría amando lo que ahora amo, buscando lo que hoy busco. Solo cambiaría el orden de mis emociones. Me enojaría sonriendo y correría bajo la lluvia alegre mientras lloro. Ese llanto granate que brota de mis dedos y seca mis ojos. Y esa palabra que nunca pronuncio sin gritar, la convertiría en mantra hasta que mi garganta se lastime y quede una cicatriz, una huella endurecida. Insensibilidad bendita, no hay nudos opresores; mis palabras fluyen y el carraspeo las arroja en el papel. Aún permanecen millas que soportarán mis devaneos, mis escritos tristes e imperfectos, las ideas calladas, la bella maldad que a nadie hiere... aún.
•Rosario Vercelli Scharff •
Ex hacienda algodonera Rontoy
Huaura, Lima–Perú

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